domingo, 31 de enero de 2010

La salvaje lejanía entre Herzog y Cameron



por oac

Mucho se sigue hablando por estos días acerca de Avatar (ayer mismo salió un interesante artículo de Horacio González que puede leerse acá). Más allá de la valoración que se tenga de la película y la menguada capacidad de la crítica para incidir sobre la taquilla, toda las discusiones alrededor de Avatar (en las que se implicaron desde el Vaticano y Evo Morales hasta los críticos que la consagraron como un film "bisagra" y aquellos otros que la cuestionaron tanto estética como políticamente) constituyen un triunfo de las estrategias de marketing, ya que para participar de los debates hay que ir a verla y esos mismos debates la mantienen en el tapete. Este efecto no es contingente, es lo que caracteriza a los films "acontecimiento". De modo que al escribir esto estoy sumándome al marketing pergeñado por the king of the world.

Uno de los puntos que resaltan los apologistas de este blockbuster es la presunta "creación" de un universo de una materialidad y un detallismo inéditos en el cine previo, algo que podríamos denominar la tesis "creacionista", que Porta Fouz expresa así:

"Cameron ha inventado nada menos que un mundo (y nuevas formas para mostrarlo): con humanoides altísimos, plantas, animales, una biología y una cosmovisión distintas...".

Y D'expósito así:

"Cameron crea directamente un mundo con una biología, una religión, una sociedad y una relación entre esas cosas totalmente nueva... Este film es el adiós definitivo al mantero y al dvd en casa; requiere bazinianamente un espectador tal que, al verlo, sienta el universo como la realidad".

Más allá de la confusa redacción de este último párrafo, parecería que el salto cualitativo que se le atribuye radica en la tridimensionalidad del mundo creado por Cameron. Habría que ver si el concepto de tridimensionalidad no se agota en una acepción apenas técnica (y yo sigo creyendo que la gran confusión de estos críticos exaltados consiste en mezclar la forma de un film con su técnica: Avatar innova en técnicas de simulación de imagen, al mismo tiempo que es tremendamente conservadora y hasta retrógrada en el plano formal). Lo que estos críticos quieren decir es que con Avatar el cine gana en realidad (esta parece ser la explicación del uso del feo adverbio "bazinianamente" en D'Expósito) a través del recurso exhaustivo del 3D. ¿De qué realidad o de qué realismo se está hablando? En principio, si algo caracteriza a esta película es su voluntad de expulsar toda huella de lo real de la pantalla y de suplirlo por una fantasía enteramente diseñada con aspiraciones de verosimilitud. Si mediante los procedimientos empleados se lograra convencer al espectador de la materialidad concreta de ese mundo fantasiado, se trataría de un triunfo de la técnica y de una derrota de lo real. Podríamos decir que Avatar es el intento más radical de una irrealización del cine. Por eso le podríamos aplicar la etiqueta "neoIrrealismo". Así de anti-baziniano como suena.



Porque lo que a partir de Bazin se empezó a concebir como "realismo" (que no tiene nada que ver con el uso del concepto de "realismo" que se hace en otras teorías estéticas) es esa huella de lo real que se resiste a toda manipulación, una resistencia que el aparato cinematográfico captura por su propio mecanismo involuntario, las mínimas vibraciones de las cosas que escapan a cualquier planificación y que en el rodaje sólo pueden hallarse, para después hacerse lugar en el montaje. El concepto de "montaje prohibido" es precisamente un reconocimiento de la soberanía de lo real en la instancia de la edición del film. Por supuesto que esto no implica una voluntad de "representar" la realidad previa, ni tampoco una renuncia al recurso del corte y montaje de planos, sino un reconocimiento del privilegio de lo que aparece sin que se lo haya previsto ni que se lo pueda prever jamás. Se filma para que eso aparezca.

No prever: ver.

Así, se deja ser lo que es, lo que no depende de ninguna subjetividad, sino que sale a la luz por sí mismo. En este preciso sentido, Avatar es el film más irrealista que se haya filmado jamás.

Obviamente, nadie tiene por qué ser baziniano, ni tomar esta noción de realismo como su credo estético, pero hay una falta de rigor crítico en el uso de este concepto que adultera el sentido del cine que se llama "baziniano" cuando es exactamente lo contrario. Si el intento de Cameron triunfa, no sólo se erradicarán los manteros que venden copias truchas en la vereda, sino que el cine le dirá adiós a la realidad. Pero hay una realidad a la que, con todos sus desarrollos tecnológicos, Cameron igual debe pagarle un pequeño tributo: es notoria la diferencia entre el punto de vista ingrávido de las escenas producidas digitalmente y las filmadas con la cámara cinematográfica. La cámara hace sentir su presencia de un modo pesado, que se agradece entre tanto simulador de vuelo. Algo parecido a lo que sucede en Titanic, pero en un sentido inverso: los procedimientos cinematográficos clásicos predominaban en la anterior película de Cameron en el 90 % de su metraje, mientras que los efectos digitales de las escenas más espectaculares parecen hoy, unos años después, más falsos y toscos de lo que se percibían en el momento de su estreno. En Avatar queda un residuo de cine en medio de una inflación de imagen simulada. El cacareado progreso se mide en relación con anteriores películas que intentaron lograr efectos similares, pero la diferencia entre imagen analógica e imagen simulada se sufre en el interior mismo de la película, de una escena a la otra. Y el desencuentro es chirriante. Creo que, en este sentido, Spielberg sabe usar mucho mejor los efectos digitales en función dramática: logra hacer que la cámara "sienta" la pesadez de sus criaturas prehistóricas. En cambio, todo el esfuerzo por captar el detalle de las figuras clonadas en las escenas de masas de Avatar (la escena del rito alrededor del Arbol Sagrado es en ese sentido penosa) sólo logra acentuar aún más su falsedad.

¿Por qué necesita Cameron enfatizar el detalle con que se visualizan un montón de tipitos clonados moviéndose al unísono? Creo que se trata de un caso de mala conciencia y en definitiva de un acto fallido. Cuanto mayor es el detallismo con que distingue a cada uno de esos tipitos, más evidente es que no hay en ellos la más mínima singularidad y que se trata de réplicas de lo Mismo. Por eso, la escena del rito es la más falsa de todas, la que acumula el mayor grado de huellas de la impostación que es el principio constructivo del film: la world music para ilustrar el concepto genérico de "rito ancestral" y la exagerada profundidad de campo que se aleja tanto del registro óptico de la cámara como de la percepción humana, todo habla a los gritos de un esfuerzo supremo por parecer lo que no se es ni se será nunca.



Todo esto lo digo porque, en una sincronicidad que se agradece, junto con el "suceso" Avatar se desarrolla en Buenos Aires un ciclo de documentales de Werner Herzog que nos permiten situar el problema del realismo y de la alucinación en el cine en una perspectiva mucho más precisa. Este miércoles se va a proyectar en la Lugones un film que desde ya recomiendo con gran entusiasmo: The wild blue yonder (La salvaje y azul lejanía), una obra de 2005 que contiene un destilado de los procedimientos más específicamente herzoguianos. Es curioso: debe ser el único film de ficción de un ciclo que se presenta como "Los documentales de Werner Herzog". Pero esto tiene una explicación: gran parte de las imágenes del film son registros documentales, pero la construcción narrativa que lo organiza es enteramente ficticia; más aún: es un delirio desatado. Según la descripción del propio Herzog:

"Unos astronautas perdidos en el espacio, el secreto de Rosswell revisitado y un extraterrestre, Brad Dourif, que nos habla de su planeta natal, cuya atmósfera está compuesta de helio líquido y cuyo cielo está congelado…, todo esto forma parte de mi fábula de ciencia ficción”.



El planeta natal de Dourif es la lejanía salvaje y azul del título y, hasta en esa tonalidad azulada, todo invita a asociar las operaciones de Herzog y Cameron... sólo para exaltar la estatura artística del alemán y la chapucería del canadiense. Herzog se vale de registros documentales de exploraciones submarinas, mientras que su protagonista, desde el relato, re-nomina esas imágenes: lo que vemos, nos dice, es el cielo congelado de su lejano mundo de origen. La fulgurante extrañeza de lo que vemos no responde a ninguna planificación, se trata de la vida submarina de nuestro planeta, de una región de la Tierra a la que el cine no llegó hasta ahora. Las medusas herzoguianas se mueven con una gracilidad que ninguna proeza digital podría lograr y desde la banda sonora la música asombrosa de Ernst Reijseger hace hablar a estas criaturas "extraterrestres" (en realidad submarinas) en lenguas. La operación poética es evidente, y lejos de imponer una impresión de realidad a fuerza de tecnologías bélicas, todo lo que hace Herzog es poner en marcha el más honesto ilusionismo que ya estaba presente en los orígenes del cine.

Ya dije antes que creo que el cine obtiene su poderoso efecto gracias a la tensión de dos elementos contrapuestos: 1) su momento "real" (la huella de la luz sobre la emulsión de la película) y 2) su momento "alucinatorio" (cada espectador alucina, por una deficiencia de la percepción humana, un movimiento allí donde sólo hay imágenes quietas). De modo que la magia del cine es posible porque se superponen dos proyecciones simultáneas: el haz de luz que atraviesa el celuloide y la impresión de movimiento que el espectador "proyecta" sobre la pantalla. Es una verdadera lucha de titanes entre lo real mecánicamente registrado y el sueño , ese otro real. Cualquier película contiene ambos principios: por más obsesivo que sea el control de la puesta en escena por parte del cineasta, el cine vive en la medida en que se escapa de las manos a todo control. En su interesante análisis de Avatar, Nicolás Prividera denomina a esta tensión "fantasmagórica exploración de lo real". Y lo dice en este contexto:

"...el imperialismo global de Avatar y su colonización del cine no es sólo la negación de la “ecología” cinematográfica, sino que -a través de su artificial concepción formal- el cine mismo es despojado de su condición ontológica (como fantasmagórica exploración de lo real) para convertirse en pura negación de la realidad (a través del mundo feliz de la sociedad del espectáculo devenida en matrix)".



Pienso que la operación de Herzog es inversa. Lo que resulta singular en su obra es su fidelidad a una obsesión: usar el cine como un órgano de visión que extiende la potencia de la mirada humana hasta el límite de lo posible; por esto creo que corresponde muy bien llamarlo un cine visionario. Nada de lo que Herzog nos hace ver es un "invento" suyo (en el sentido en que Porta Fouz y D'expósito celebran en Cameron), todo ello existe en nuestro planeta y en esto parece ser el realista más radical, contra todas las apariencias de "delirio" con que se suele asociar a su obra. Sólo que desde hace años Herzog viene viajando por el mundo en busca de esas imágenes "vírginales" que invoca en una conversación ya célebre que mantiene con Wenders en una escena de Tokio-Ga. La lucha de Herzog, reconocible desde Fata Morgana hasta The wild blue yonder, no consiste de ningún modo en viajar en busca de imágenes extravagantes (como si fuera un Pino Solanas de la deformidad), sino en reactualizar cada vez la mirada atónita de la primera proyección de la llegada del tren a la estación. Ver no para reconocer, sino para des-conocer. Lo extraño, nos invita a pensar, no es ningún mundo imaginario, sino este mundo nuestro. No hace falta desarrollar onerosas técnicas, hay que salir a la busca de las imágenes. Y algo más todavía: hay que usar la cámara para descubrir lo alucinante en lo real. Mientras Cameron se interna en laboratorios asistido por un ejército de ingenieros con el fin de abrumar la percepción del espectador con tal cantidad de información visual como para dejarlo embotado, Herzog sale al mundo con su cámara: su cine no es posible sin la presencia corporal de la cámara como una extensión del cuerpo del cineasta. Un film como Fitzcarraldo no se concibe sino como una aventura de rodaje, tan insensata como la historia que cuenta: construir una ópera en medio del Amazonas, transportar un enorme barco a través de la selva. Se trata, claro, de una ficción en la que un extraviado quiere hacer una representación artística en medio del espacio más salvaje, pero a la vez el film es un documental de su propio extravío.

La presencia corporal de la cámara y su utilización para traer a la luz lo oculto de lo real puede ser el rasgo constante de todas las películas de Herzog. Puede encontrarse en El gran éxtasis del tallador en madera Steiner, en la que el esquiador Steiner se propone atravesar una experiencia de vuelo que inevitablemente termina en el golpe contra la tierra nevada, pero que el cine logra ralentar en su momento casi milagroso. También está en la inquietante Gasherbrum - La montaña luminosa, en la que Herzog acompaña a un dúo de eufóricos escaladores que se proponen una proeza tan inédita como inútil: la de llegar más alto escalando no una sino dos veces en lo alto. Se trata de empujar un límite para explorar la posibilidad de lo humano. Los escaladores no buscan un éxtasis sobrenatural, sino llevar su propio cuerpo, con el peso que tiene, hasta donde el cuerpo pueda. Se pregunta Herzog:



"¿Por qué sentía Messner –un hombre que había perdido a su hermano en una expedición– la necesidad de escalar el Nanga Parbat una segunda vez? ¿Qué motiva a un hombre así? Una vez le pregunté si no pensaba que estaba un poco loco por seguir escalando montañas. ‘Toda la gente creativa está un poco loca’, me dijo”.

Es claro que Herzog acompaña esta locura, que la comprende como propia. Y esto sucede literalmente en esta película: el equipo de filmación sube con los escaladores hasta cierta altura, hasta donde les resulta posible ir juntos. Después los escaladores siguen subiendo y Herzog se queda esperándolos. Ellos se llevan una camarita con la que registrarán el momento en que llegan a la cumbre y el film entonces incluirá ese fragmento que los mismos protagonistas registraron. Pero Herzog se queda ahí, esperándolos, y la distancia que se abre entre ellos permite trazar esa línea que los separa tanto como los une: porque Herzog coincide con ese tipo loco que sólo se propone seguir caminando hasta que el horizonte se acabe, o hasta que la muerte lo encuentre. Al final de Gasherbrum - La montaña luminosa, el escalador y el cineasta acuerdan en que un día van a emprender esa caminata, que el escalador irá unos metros adelante y que Herzog lo seguirá un poco atrás, con la cámara.

Nada de esto sería posible si el cineasta no se hubiera consagrado a un nomadismo desde hace tantos años, si no hubiera decidido que el mundo es tan asombroso que merece ser filmado.

Vean, si pueden, las últimas películas de este notable ciclo de Werner Herzog en la sala Lugones. No se necesitan anteojitos ni antifaz para verlas.

Cameron anuncia, mientras tanto, Avatar 2 y Avatar 3 para la década entrante.

Qué le digo



Dónde pongo lo hallado
en las calles
los libros
las noches
los rostros
en que te he buscado

dónde pongo lo hallado
en la tierra
en tu nombre
en la biblia
en el día
que al fin
te he encontrado

qué le digo a la muerte
tantas veces llamada
a mi lado
que al cabo
se ha vuelto mi hermana

qué le digo a la gloria
vacía
de estar solo
haciéndome el triste
haciéndome el lobo

qué le digo a los perros
que se iban
conmigo
en noches
perdidas
de estar sin amigos

qué le digo a la luna
que creí
compañera
de noches
y noches
sin ser verdadera

qué hago ahora contigo
las palomas
que van
a dormir
a los parques
ya no hablan conmigo

qué hago ahora contigo
ahora que eres
la luna
los perros
las noches
todos los amigos

Esta noche a la hora cero en FM La Tribu // 88.7 // www.fmlatribu.com // La otra.-radio

sábado, 30 de enero de 2010

El cero psíquico II

Una aproximación a la obra de
James Graham Ballard en varias entregas




por Eduardo Chinasky
(viene del post anterior)


Claves ballardianas: Puntos de entrada en el futuro = niveles de un paisaje espinal = zonas de tiempo significante.

Hielo que quema: El ardor de la frialdad, recorriendo los cuerpos, como si brazos y piernas no fueran más que los límites residenciales del cuerpo, siempre liso y templado, como los planos inmóviles de una película detenida. Gigantescos mapas de cromosomas mutantes.

Un cuadro silencioso: Hay un aspecto llamativo en la obra de Ballard: sus relatos y novelas son casi mudos, tienen las palabras justas, carecen de sonido ambiente. Si bien son extremadamente visuales –por no decir cinematográficos-, las voces y las músicas prácticamente brillan por su ausencia. Apenas susurros y ecos tratando de seguir la marcha imperceptible de la luz.

Science-fiction: ¿La tarea de los escritores de ciencia ficción sería describir los símbolos de transformación en el seno de una sociedad dominada por la razón instrumental?

Hoy: Los tiempos actuales: un Auschwitz del alma con fríos mausoleos y fosas comunes para los que aún no han muerto.

Las voces del tiempo: Cuento de 1963. Señales del ocaso y la entropía. Un universo en dispersión. La lenta agonía del Cosmos. Un anhelo infinito de trascendencia

La Suite Mental: Según Ballard, si el hombre primitivo había sentido la necesidad de incorporar a la propia psique los acontecimientos del mundo exterior, el hombre del siglo veinte ha invertido el proceso.

¿Qué es el tiempo?: Se ha hablado aquí de la relación que tiene la obra de Ballard con el tiempo. Pero, ¿qué sonido tiene el tiempo? Quizás el del agua en una cueva, o una voz muy triste. El tiempo se parece a la nieve cayendo lentamente, a una película muda con cien millones de rostros que descienden en la nada.



La Náusea: La reseña origina del New York Times sobre la novela Crash lo resumía todo: “Ballard tiene una sólida reputación pero la obsesión de esta novela por el sado-masoquismo a través de accidentes de tráfico deliberados es enfermiza. El hecho de que escriba bien la hace aún peor”. La distopía que describe Ballard no se distingue apenas de nuestro mundo. Es más, es nuestro mundo actual. Un carrusel demencial de accidentes que recorren los infinitos circuitos de las autopistas. Los habitantes de estas megalópolis del futuro han perdido la capacidad de distinguir entre pulsión erótica y sádica. Son nuevos niños obsesionados con sus veloces máquinas y con la violencia, incapaces de otra cosa que producir(se) mutilaciones y coitos entre la chatarra, que fusionan al hombre con el objeto. “Prefiero pensar que Crash es la primera novela pornográfica basada en la tecnología”, dice Ballard en el prólogo. Todo está descripto con primoroso detalle: los actos sexuales, las heridas, las deformaciones, las secreciones, los olores. La náusea no ofrece un momento de tregua. “Estoy convencido de que en cierto sentido el escritor ya no sabe nada -escribe Ballard–, al lector sólo puede ofrecerle el contendido de su propia mente, una serie de opciones y alternativas imaginarias. Las opciones proliferan a nuestro alrededor, vivimos en un mundo casi infantil donde todo deseo, cualquier posibilidad, trátese de estilos de vida, viajes, identidades sexuales, puede ser satisfecho enseguida". Treinta años después estas palabras se han verificado de una manera que supera sus previsiones.



Signos de una era: Según C. G. Jung, la civilización se encuentra actualmente en la conclusión de un gran Año Platónico, en el eclipse del signo de Piscis que ha dominado la era cristiana, y ya hemos entrado en la Era de Acuario, un período de confusión y caos psíquico.

Pesadillas de guerra: Sueños de B-52 en llamas, vergeles arrasados por Napalm. El Apocalipsis, ahora. ¿Acaso no hemos brotado de entre los muertos? Los personajes de Ballard descienden de las víctimas de la Bomba en Hiroshima mon amour, de los ojos espantados de Alamogordo (primer escenario de pruebas nucleares). El hombre nuevo: el homo hydrogenesis.

El Hongo Final: Hoy no se habla de bombas atómicas, pareciera un tema demodé. Ballard nos sigue haciendo pensar en el holocausto nuclear. Para él esa espada de Damocles sigue vigente.

Un mediodía total: La luz cegadora de la Bomba –símbolo esencial de nuestra condenación-como una expresión de las inmensas fuerzas psíquicas que se mueven sobre la superficie de la mente racional, o como los movimientos de las placas continentales que preludiaron las principales transformaciones geológicas. Sobre Hiroshima, un mediodía enceguecedor. Luego vendrá la lluvia negra.

(continuará)

viernes, 29 de enero de 2010

Luna llena y Marte rojo


Antojo

FM La Tribu // www.fmlatribu.com // 88.7 // medianoche

El cero psíquico I

Una aproximación a la obra de
James Graham Ballard en varias entregas




por Eduardo Chinasky

Introducción

En esta época del año, las multitudes se agolpan como reses en las playas (Vermillion Sands) hasta perder conciencia de su propia individualidad (La jaula de los reptiles). Para llegar a los lugares de veraneo, la gente circuló por rutas plagadas de anuncios comerciales de neón, sugiriendo (¿ordenando?): “compre esto, compre aquello” (El hombre subliminal); durante el camino -manejando a velocidades demenciales- choca contra otros autos en una sucesión de atrocidades que alimenta la crónica roja (La exhibición de atrocidades, Crash). De vuelta a la megalópolis asfixiante (La isla de cemento), se refugia en countries o edificios sin conexión con el mundo exterior (High-Rise), mientras contempla en las omnipresentes pantallas el avance inexorable hacia alguna clase de Armagedón (Playa terminal), procedido por una sucesión de catástrofes ecológicas (La sequía, El mundo sumergido). Con justa razón, el diccionario en idioma inglés ha aceptado desde hace algunos años el término “ballardiano” ante una situación apocalíptica, donde el desbocamiento tecnológico deshumaniza al hombre.

En la obra de James Graham Ballard (1930-2009) podemos destacar dos etapas: la primera comprende desde su primer libro, Bilenio, (1962) hasta La exhibición de atrocidades, resumen de todas sus obsesiones hasta ese momento y vehículo de osados experimentos narrativos que intentan reflejar el presente en sus propios términos.



En la segunda etapa, Ballard se proyecta hacia futuros donde se examina la relación entre el hombre y la tecnología. Sus primeros cuentos datan de 1956 y en los años 60 se convierte en uno de los autores de referencia de la llamada “nueva ola” de la ciencia ficción inglesa (Moorkock, Aldiss, etc). Su literatura desarrolla las principales problemáticas del siglo XX: las catástrofes medioambientales y el efecto en el hombre del hiper-desarrollo tecnológico.

En su primera novela, El mundo sumergido (1962) imagina las consecuencias de un calentamiento global que provoca que los casquetes polares se derritan. Le siguen El viento de ninguna parte (1962), La sequía (1965) y El mundo de cristal (1966), ambientada en un área boscosa de Africa occidental que está, literalmente, cristalizándose.

En 1973 publica Crash, una meditación turbadora y explícita sobre la relación entre el deseo sexual y los automóviles. Tras Crash llegan La isla de cemento (1974), Rascacielos (1975), Compañía de sueños ilimitada (1979) y Hola América (1981).



El mundo de cristal: Imágenes de mundos sin sentido. Mares antiguos y playas sumergidas, revelando perspectivas ocultas. Insólitas llaves que abren el mundo de los sueños. Lagos de vidrio fundido.

La persistencia de la playa: El arabesco de las dunas de arena -virgen de las pendientes de la mente- elevándose al cielo meridiano. Una orilla baja, aire lustroso como ámbar, la geometría plateada de las fábricas, un vórtice de cubos y cilindros sobre el escenario distante de una esfera. Arena fundida con riendas de acero; la claridad única de la luz crepuscular; mesetas estriadas, luna roja.

El Cero Psíquico: En la obra de Ballard, la conciencia individual tiende a disolverse en un magma psíquico en el que todo puede suceder: lo más primitivo, lo mas salvaje, la crueldad extrema surgen desde los más profundos estratos geológicos de la conciencia en este mundo viejo-nuevo. Tal es la fuerza de este mundo paralelo, esta concatenación de errores, que cuando se descubre la ausencia de toda sustancia detrás de esa sombra sólo queda el vacío.

Cifras de un paisaje: Los cuentos de Ballard -escenarios de creciente entropía- abundan en cálidos mundos crepusculares, en días eternos, en superfortalezas abandonadas agonizando bajo un suave cielo equinoccial. Maniquíes con caras deformes, horripilantes, nos miran a los ojos.

Continuum temporal: “La clave del pasado se encuentra en el presente” (J. G. Ballard).

jueves, 28 de enero de 2010

Algunas editoriales publicadas por La Nueva Provincia en los últimos 24 de marzo

por Maximiliano Diomedi
Fuente: Patologías Culturales


Ilustración: León Ferrari

2004
Título: "24 de marzo"


Contrariando al presidente Kirchner y a sus socios, los grupos que medran con los derechos humanos, todos los cuales abrazan hoy la causa que en la década del '70 llevaron adelante las organizaciones subversivas, conviene hacer un poco de memoria sobre los días que precedieron al 24 de marzo de 1976.

En esas vísperas, ya la sociedad argentina se había convencido de que terroristas y guerrilleros del ERP, de los montoneros y de otras bandas perseguían un mismo propósito: destruir o disolver el orden social vigente, para instaurar después su propia dictadura.

No otro sentido podía tener la sucesión de asesinatos, secuestros, ataques a las comisarías y a las unidades militares y las bombas lanzadas indiscriminadamente con la intención deliberada de que alcanzasen a todos y, en especial, a las víctimas inocentes, más eficaces para infundir la sensación de terror a la comunidad entera.

Las bandas que practicaban el terror parecían invulnerables. Las fuerzas de seguridad y la justicia cumplían con su deber. El recurso del que se valía el gobierno de Isabel Perón, ensayado antes por el propio Perón, el de la lucha clandestina a cargo de las Tres A, no sofrenaba a las organizaciones de terroristas. Estas, originalmente financiadas desde el extranjero, habían logrado una inatacable fuente de ingresos locales en el secuestro extorsivo, o su amenaza para arrancar contribuciones mensuales a las grandes empresas.

Sólo un rumor, todavía incierto, quedaba para la esperanza: la intervención abierta de las Fuerzas Armadas. De ahí que, al hacerse cargo del gobierno, fueran saludadas por la unanimidad de la opinión y se les otorgase tácitamente la más amplia libertad en los procedimientos a aplicar como remedio heroico. Nadie se opuso, nadie objetó; ni el pueblo ni los partidos políticos, oficialistas u opositores. Salvo los terroristas y guerrilleros que sintieron llegar el ocaso de la impunidad que habían gozado hasta entonces.




Miguel Angel Loyola, trabajador de LNP asesinado por la dictadura militar

2006
Título: "24 de marzo
"

Extraña paradoja la de quienes apoyaron hace tres décadas la guerra revolucionaria como método para derrocar a un gobierno electo y hoy proclaman ser demócratas a ultranza. Sin embargo, basta un análisis un poco más profundo para darse cuenta de que no hubo cambio alguno: los supuestos defensores de la democracia siguen reivindicando el accionar subversivo de las bandas terroristas que, desde 1970, asolaron la Nación.

El 24 de marzo de 1976 se produjo un quiebre. Ante la incapacidad del gobierno peronista para repeler las agresiones, cada vez mayores, de los grupos terroristas y con el apoyo de la gran mayoría de los habitantes del país, las Fuerzas Armadas tomaron el poder, poniendo fin, así, a una situación insostenible.

Dicha fecha debería ser recordada como el momento en que buena parte de la sociedad le dijo basta a una minoría que trató de convertir a la Argentina en un país socialista. Las acciones de las organizaciones clandestinas de izquierda tuvieron su pico de mayor violencia durante la tercera presidencia de Perón. Fue un gobierno democrático el que, ante el reclamo mayoritario, inició acciones tendientes a aniquilarlas. El posterior golpe de estado se debió a la incapacidad de ese gobierno para llevar adelante esas órdenes impartidas.

Hace 30 años quedó clausurada para siempre la posibilidad de que la Nación Argentina siguiese los pasos de Cuba. Ese fue el principal mérito de las Fuerzas Armadas y de los millones de compatriotas que apoyaron su decisión.



2008

Título: "1976"


El 24 de marzo de 1976 las fuerzas armadas, con el concurso tácito o explícito, según los casos, de la enorme mayoría de la población, ocuparon el gobierno y asumieron, como objetivo principal, poner fin a la subversión representada por las dos principales organizaciones terroristas que asolaban al país: ERP y Montoneros.

Treinta y dos años después de esa fecha es posible decir que desde el punto de vista de la administración de la cosa pública el resultado fue desastroso. En cambio, desde el punto de vista militar cosecharon un triunfo rotundo y decisivo. Evitaron, y ese es su mérito, que la Argentina se transformara en otra Cuba.

No tuvieron enfrente, como reza la leyenda forjada por sus enemigos, a unos jóvenes idealistas que dieron su vida por la justicia, sino a militantes fanáticos que tanto a la hora de matar como de morir ni pidieron ni dieron cuartel.

Aquella fue una guerra atroz --como todas las de carácter irregular-- en la cual hubo errores y horrores sin cuento. Ganaron, por fortuna, quienes se oponían a que la Nación Argentina fuese obligada a seguir los tenebrosos lineamientos del socialismo revolucionario.

Hoy, el gobierno kirchnerista y sus aliados no se cansan de repetir y exaltar una versión sesgada, unilateral y hemipléjica de ese pasado. Pueden creérsela, pero lo que no podrán hacer nunca es modificar la historia real: se ganó la guerra y la subversión marxista fue vencida para siempre.




Enrique Heinrich, trabajador de LNP asesinado por la dictadura militar

2009
Título: "Walsh"


El municipio de Florencio Varela rebautizará la Escuela de Educación Técnica Nº 2, que se llamaba Pedro Eugenio Aramburu, con el nombre del conocido escritor, periodista y miembro de la organización terrorista Montoneros, Rodolfo Walsh.

Por supuesto, la decisión de las autoridades es provocativa, aunque está amparada en una norma de la provincia de Buenos Aires que prohibió el nombre de los funcionarios de gobiernos dictatoriales en las escuelas. Fue la comunidad educativa la Técnica Nº 2 la que votó, en definitiva, a Walsh.

Pero es bueno recordar, aún cuando vulnere un sinfín de lugares comunes, obsesivamente cultivados por el progresismo en estos años, que al margen de sus indiscutibles méritos literarios, Rodolfo Walsh fue un asesino. Creyó, como tantos otros en su momento, que tenía el derecho de matar a los representantes de la oligarquía, el imperialismo, las Fuerzas Armadas y la burocracia sindical.

Por eso, sin que nadie lo obligara, se sumó a los Montoneros. Como lo hizo Francisco Urondo, Juan Gelman y Horacio Verbitsky.


Todos son, pues, responsables del baño de sangre que provocó la guerrilla en la Argentina. Walsh y Urondo murieron en su ley, con las armas en la mano, dispuestos a matar y ser muertos. ¿Sabrá esto la comunidad educativa de la escuela Técnica Nº 2?

La vieja provincia



por Maximiliano Diomedi
Fuente: Patologías Culturales

Así como el periodista Pablo Llonto escribió La Noble Ernestina, el libro sobre Ernestina Herrera de Noble que cuenta la manera en que fue construyendo su poder a lo largo de las décadas -aliándose con los poderes de turno, pero por sobre todo sacando gran tajada en tiempos de dictadura militar- alguien deberá escribir alguna vez la historia de la familia Julio-Massot, propietaria de La Nueva Provincia, con pelos y señales.

La Nueva Provincia es un diario centenario que a lo largo de décadas fue moldeando el modo de pensar y sentir de -prácticamente- toda la sociedad de Bahía Blanca, una ciudad que se destaca en el mapa de la provincia de Buenos Aires y del país por su perfil conservador. Si bien siempre existieron y existen esfuerzos de radios comunitarias, diarios que plantean una visión distinta, poetas, músicos, artistas en general y editoriales que la hacen más respirable, sabrán entender que ninguna ciudad que viva entre la Base Naval Puerto Belgrano y el Quinto Cuerpo del Ejército puede jacarse de progresista. No al menos esta ciudad. Y sé perfectamente lo que estoy diciendo. De alguna manera yo también fui moldeado por esa mentalidad que se respira, que está en el aire. Imaginarán que -está de más decirlo, pero ahí vamos- el diario tiene que ver en eso. ¿Dije el diario? En realidad es el MONOPOLIO, o son los mecanismos aceitados durante años y años que terminan por aplastar cualquier intento de querer hacer otro tipo de periodismo. Si bien gran parte de la sociedad subestima el poder de interferencia en la subjetividad que tienen los medios, si de algo sirvió la discusión alrededor de la ley de medios fue para darnos cuenta de cuán indefensos podemos estar ante el tremendo poder que de allí emana, si es que no nos mantenemos alerta.



Durante años La Nueva Provincia, LU2 Radio Bahía Blanca y LU80 TV Canal 9 eran lo mismo. De algún modo actualmente también lo son, sólo que no en términos económicos sino ideológicos. Siguen conformando un bloque ideológico lo suficientemente importante como para que uno los identifique como una sola cosa. Aún hoy la cuestión funciona así: lo que cada mañana se publica en el diario se lee en los programas de radio de la primera hora (LU2 siempre se encargó de leer textualmente el diario entero página por página) y esa información es levantada por Canal 9 para su noticiero del mediodía. Paquete completo. Eso sin decir que, además, en 1994, el COMFER le adjudicó a la empresa Multivisión S.A, de la que participa la familia Massot, una licencia para la instalación, funcionamiento y explotación de un sistema de MMDS en la ciudad de Bahía Blanca. Todos los recursos a merced de la famosa construcción de la agenda. Nada muy diferente al funcionamiento de los grupos mediáticos que operan en Capital Federal, excepto que La Nueva Provincia se circunscribe a la ciudad de Bahía Blanca. A tal punto fue la familia Massot precursora en esto de las fusiones -el primer grupo multimedia de la Argentina- que la mismísima Ernestina cuando empieza a pensar en formar su conglomerado multimediático dice: si la Massot puede, nosotros también.

La historia de La Nueva Provincia se remonta a 1898. Fue fundado por Enrique Julio con la intención de hacer de Bahía Blanca la capital de una nueva provincia que estaría conformada por parte de la provincia de Buenos Aires, parte de La Pampa y parte de Río Negro. La idea resultó poco fructífera. Pero lo cierto es que el diario sí se convirtió en un bastión del sur argentino. En 1950 fue incautado por el gobierno peronista por su abierta oposición y recién en 1955 fue recuperado gracias a la "Libertadora". Quien se pone al frente como directora, un par de años después, es la nieta de Enrique Julio: Diana Julio de Massot, fallecida recientemente, quien en ese entonces tenía unos 27 años. Diana es la verdadera hacedora de La Nueva Provincia.



Las manos se le manchan con sangre a partir del 24 de marzo de 1976, cuando se convierte en el órgano de la Marina, avalando desde sus páginas la política represiva del gobierno militar, aunque para ser justos debemos decir que mantuvieron una coherencia en relación a las opiniones vertidas en el mismo diario unos años antes. Según Leandro Albani, (La Fogata) ya en 1973 se podían encontrar entre sus páginas referencias a la derecha peronista, como "aguerridos grupos de argentinos que defienden los colores patrios y reaccionan como hace rato debió hacerlo el país todo contra los trapos rojos", o al accionar de la Triple A reivindicando que "se juegan la vida en operativos paramilitares". Eso era La Nueva Provincia previo al golpe de Estado. Y más: en 1975, producto de un paro gremial realizado por trabajadores pidiendo un franco cada 4 días, tal cual establecía el convenio de trabajo, el diario estuvo 3 semanas sin salir a la calle. Finalmente debió cumplir con el convenio, pero una vez que reapareció salió con los tapones de punta. Diana Massot no se iba a olvidar tan fácil. Emprendieron una embestida contra los gremios y, oh casualidad, con Videla ya en el poder, el 4 de julio de 1976 encontraron los cadáveres de Enrique Heinrich y Miguel Angel Loyola -obreros gráficos del diario, Secretario General y Tesorero respectivamente del Sindicato de Artes Gráficos de Bahía Blanca. Dos cosas son seguras: que fueron secuestrados, torturados y acribillados, y que la directora los había acusado de formar un "soviet". El diario registró el asesinato por única vez dedicándole sólo 20 líneas.

¿A cuento de qué viene esta breve reseña sobre el reducto de la derecha con base en la ciudad de Bahía Blanca? A que ayer por la mañana -como suelo hacer a menudo- ingresé al sitio web de La Nueva Provincia y me encontré con su editorial. Desde que asumió el gobierno de Néstor Kirchner en 2003 con una clara politica de Derechos Humanos y, posteriormente, cuando le hizo bajar a Biondini el cuadrito de Videla que estaba colgado en la ESMA, la familia Massot se crispó. Quién se encuentra a cargo de la dirección ahora es Vicente Massot, hijo de Diana, militante de la Falange Restauradora Nacionalista, Ministro de Defensa de Menem que debió renunciar por reivindicar la tortura y secretario de la revista Cabildo, entre otras cosas. En sus editoriales siguen utilizando una serie de términos que indican el grado de indignación que les provoca ya no sólo la política de Derechos Humanos sino la democracia misma: hablan de un gobierno repleto de montoneros, festejan cada 24 de marzo como el día que comenzó a abatirse a los terroristas, se refieren al "accionar subversivo", escriben que los hijos de Madres y Abuelas andan dando vueltas por Europa, que las cifras de desaparecidos no superan los 2.000 y que la dictadura no fue una dictadura sino un verdadero Proceso de Reorganización Nacional. Eso a grandes rasgos. Dato: se acerca el 24 de marzo y recomiendo frevientemente que lean el editorial que publiquen ese día.

Decía entonces, que ayer a la mañana ingresé a su sitio web y leí su editorial, que dice así:



"Reivindicación:

Bastó que Eduardo Duhalde dijera que el gobierno continúa humillando a las Fuerzas Armadas y que a éstas hay que darles el lugar que les corresponde, para que el coro estable del progresismo nativo -en general celoso defensor del terrorismo practicado por las organizaciones subversivas de los años 70- pusiera el grito en el cielo.

"Pero el ex presidente no deja de llevar razón en dos cosas: en que -de una buena vez- es necesario dejar de atacarlas por lo que hicieron hace treinta años y en que resulta menester terminar con esa obsoleta distinción entre seguridad y defensa -consideradas como compartimentos estancos- que les impide a las Fuerzas Armadas involucrarse en temas de seguridad interior
".

¿Da gracia o da miedo?

martes, 26 de enero de 2010

Néstor y todos los demás también


por oac

Después de haberme peleado con Lucas Carrasco el domingo en radio La Tribu (bah, él se peleó conmigo, yo no me peleé con él) y de haberme amigado seguidamente, quiero hacer constar algunas cosas:

1) 6,7,8 es un programa malísimo, no obstante lo cual es el mejor programa de la tv de aire.

2) Según IBOPE, lo ve muy poca gente; sin embargo, se lo comenta en todas partes, se ha convertido en materia de disputa política. Clarín, Perfil y toda la prensa canalla lo tienen en la mira, toda la blogosfera lo cita continuamente y los gorilas que dicen no verlo lo comentan en los sites de La nación, Criticadigital, Perfil.com y clarin.com.

2) Diego Gwirtz es un mercenario, sus métodos de edición son simplificadores; sin embargo sale cada noche en el prime time a pelearle a Telenoche el sentido de las noticias. Desde canal 7, obviamente, pierde en la competencia, pero Telenoche tiene 7,8 puntos en el 13 y el programa de Gwirtz 2,2 en la TV pública. Hace décadas que canal 7 no movía el amperímetro; ergo: 6,7,8 es hasta el momento la manera más eficaz que tiene el kirchnerismo de disputar la batalla mediática de cada día.

3) Néstor Kirchner, Cristina Fernández, Anibal Fernández, Hugo Moyano son dirigentes que todo el tiempo cometen severos errores, todos ellos ofrecen flancos muy débiles. Por momentos, observándolos desde nuestras cómodas ubicaciones, uno se pregunta: ¿cómo puede ser que no se den cuenta de que Redrado, Cobos, Mazza, Boudou, Felipe Solá, Alberto Fernández son tipos de temer? ¿cómo puede ser que no reparen en sus siniestros antecedentes y los tengan entre sus colaboradores? Uno por momentos duda de la cordura, de la astucia y hasta de la integridad moral de Néstor, Cristina, Anibal y Hugo. Pero uno luego repara en que Néstor, Cristina, Aníbal y Hugo tampoco son impecables, ni en su pasado ni en su presente. Dicho todo esto, se hace necesario reconocer que son, por lejos, los mejores dirigentes políticos de la Argentina actual y que cualquiera de los que se postulan para remplazarlos no les llegan ni a los talones.

3) En la misma línea que en los 3 ítems anteriores: Lucas Carrasco es un blogger que puede cometer numerosos errores, que puede asumir inexplicablemente un discurso liberal que simplifica el problema de las relaciones entre política y medios. Cuando se calienta en una discusión puede decir barbaridades y ser injusto con su interlocutor. No obstante, su blog es indispensable y vale la pena entrar a leerlo cada día.

Postdata: a todos los que me pidieron escuchar la grabación del programa con Lucas, les aviso que no se grabó; por lo tanto su recuerdo sólo quedará guardado indeleblemente en nuestras memorias.

Charly en Mar del Plata

El que cierra y el que apaga la luz
por Guillermo Colantonio


Foto: Marilú Dal Molin. Fuente: Charly García (culto Say No More)

Charly García volvió a Mar del Plata el sábado pasado y lo que para muchos prejuiciosos podría haber sido apenas una brisa renovada se transformó en un huracán de rock. Digo “prejuiciosos” porque el estadio polideportivo no estuvo lleno y varios de los que asistieron no iban con muchas expectativas. En este país tan adepto a las dicotomías a Charly lo han querido transformar en una especie de amor al cual siempre hay que darle una oportunidad, a pesar de que “está acabado,” porque "ha sido importante en nuestras vidas" aunque “se haya portado mal” últimamente”; o los que gritan por todos los rincones “gracias al cielo” por verlo recuperado, los mismos que se postulaban como sanadores incondicionales.

Pues bien, a mí me importan un comino esas dos visiones y digo que la noche del sábado asistí al recital que Charly dio en esta ciudad y disfruté de uno de los conciertos más grandes de todos los que he visto en mi vida, sin exagerar. La banda sonó increíble, con el zorrito Von Quintiero sosteniendo los teclados en una química increíble con Charly (juegan de memoria), el negro Carlos García López en guitarra, impecable en su emulación desquiciada de Hendrix, y la solidez de la batería y del bajo (ya había dicho Charly en medio del show “¡cómo me gusta el bajo!”). Además, una Hilda Lizarazu más inspirada que nunca y hasta con una vuelta carnero incluida. Es que a esa altura del show, la cosa ya daba para festejar a lo grande. Había pasado un repertorio sabiamente elegido (muy parecido al que viene haciendo Charly en esta gira), increíble. La cosa comenzó de manera intimista con la apertura, tranquila, con un fondo devenido en imágenes de ciudad (muy interesante en el aspecto visual), de El amor espera, hermoso tema donde el propio Charly en su piano de cola negra (una vez más y uno de los pocos en hacerlo) reconoce su admiración por las bandas que lo formaron en el escenario insertando arreglos. En esta oportunidad, Sing This All Together de The Rolling Stones, incluido en el disco que menos les gusta a los fanáticos de los Stones, Their Satanic Majesties Request.


Foto: Monica Bitzer (FB)

A partir de ahí, una seguidilla de temas impresionantes de los que hay que escuchar sentado, en una especie de trance, y otros que invitan a cantar y a moverse (a pesar de que en este bendito país enseguida los llevemos a la tribuna futbolera): Canción de 2 x 3, No soy un extraño, Influencia, Cerca de la revolución, Chipi chipi, Fanky, Tu vicio, Promesas sobre el bidet, Adela en el carrousel (para emocionarse), Pasajera en trance, Raros peinados nuevos (en una versión más cínica que nunca, con Charly parado con el micrófono, gesticulando y diciendo “se me caen los pantalones”). Ahí, pensé en voz alta: qué disco de puta madre es Piano Bar. Luego una versión loca de Buscando un símbolo de paz, con toda la banda bailando y un marco santanesco de percusión muy adecuado. Ni hablar de Me siento mucho mejor, No me dejan salir, Demoliendo hoteles (acá pensaba en la vigencia de las letras, en cómo se resignifican constantemente), y No voy en tren para “apagar la luz por primera vez”, en lo que daba por cerrada la primera parte de un show impresionante. Para los detractores de moda, informo que Charly cantó bárbaro y tiene voz para rato. Para los mediáticos sanadores que cubrieron esta gira aduciendo falta de movilidad (como si para cantar hubiera que hacer pogo) les digo que interactuó de manera brillante con la gente a través del diálogo, haciendo unos pasos de baile muy graciosos y en sintonía total.


Foto: Marilú Dal Molin
Fuente: Charly García (culto Say No More)

Minutos después llegaron más momentos de emoción. “Se merecen un bis” pronunció Charly y arrancó con Deberías saber por qué, en una versión mucho más interesante que la del corte original (es un tema que ganará varios adeptos en vivo). Apenas terminada la canción, como si fuera poco, sentado nuevamente en su piano de cola se escuchó “"Yo tuve muchas bandas, pero a una le decían 'los Beatles argentinos'. Quiero presentarles a un amigo: Paul Mc Pedro Aznar". La ovación total para uno de los músicos más talentosos y completos que ha dado la Argentina y nuevamente la emoción con Perro andaluz, con un exquisito solo de bajo de Aznar (acá pensé, qué nivel tenía Serú, qué lejos está la mayoría del rock argentino actual de eso, con buenos compositores que ahora hacen temas para Tinelli o bandas que no salen de estribillos de cancha); y la sacudida con Hablando a tu corazón. El cariño y el agradecimiento del amigo para la despedida: “Qué grande Pedro”. Luego, el cierre con una versión demoledora de No toquen.

Al final, y a pedido de todos, la última entrada con un último bis glorioso, con toda la furia, para despedirse bien alto: Rock and Roll yo, para que no nos olvidemos de que esto es simplemente rock and roll y nos gusta a pesar de todo. Enorme Charly.

lunes, 25 de enero de 2010

Al hombre esquizoide del siglo XXI

Antojo de hoy


por oac

Una de las razones por las cuales quería hacer un programa diario este verano (Antojo) era dedicarle una emisión entera a King Crimson. Digámoslo de una vez: una de las poquísimas bandas (¿tres? ¿cuatro? ¿cinco?) que pueden justificar por sí solas la total existencia de lo que se dio en llamar movimiento rock. Creo que puedo ser suficientemente objetivo al respecto: es verdad que hay algo de mi propia educación sentimental (mi educación sentimental no pasó por los Sex Pistols, ni por los Ramones, ni por Madonna, ni por Back to the future, ni por The Breakfast Club... ¿qué quieren?). Yo me hice alguna idea del mundo y de qué tipo de posibilidades existían y de dónde estaba parado y de dónde quería estar parado y de dónde ni por todo el oro del mundo quisiera estar, gracias a un puñado de experiencias artísticas, a saber: ver La chinoise siendo un púber; ver Muerte en Venecia ídem; que un compañero de secundaria me pasara Artaud de Spinetta; quedarme detenido en el mood y en la letra de Tango en segunda... y cuando me compré el cassette Lizard de King Crimson y lo escuché de un tirón con la luz de mi pieza apagada. Podría agregar algunos episodios más o algunos descubrimientos más recientes, pero con esto que acabo de enumerar estaban más o menos definidos mi horizonte de expectativas y mis aspiraciones.

Pero a pesar de tratarse de mi educación sentimental, yo puedo también distanciarme de todo eso, de la pubertad, de mis amigos (y enemigos) del Mariano Acosta, y reconocer cuando algo suena bien, aunque no forme parte de mi información básica. Y desde esa distancia puedo decir también que King Crimson es -a secas- una de las mejores bandas de todos los tiempos, prescindiendo de toda subjetividad. Todos le deben algo: desde Radiohead hasta Mars Volta, pasando por Morphine y cualquier banda de hard rock que se haya propuesto no sonar simplemente tosca.

Creo que fui un poco tonto al pensar que una medianoche de verano me podría bastar para presentar a King Crimson. Digamos: hacerle escuchar algunas cositas, algunos pasajes de cierto disco, al menos un par de canciones enteras, a alguien que nunca reparó en la banda liderada por el maestro Robert Fripp. Y esta madrugada, escuchando disco tras disco, tema por tema, incluso internándome en diversos pasajes de un mismo tema, creo que no alcanzaré a exponer el asunto en apenas una hora (aun hablando lo menos posible, evitando todo atiborramiento de datos del tipo: "acá entró el bajista Tal y se fue Cual..."). Voy a pedirles a las autoridades de La Tribu que en enero próximo me den un programa de toda la noche: de 0:00 a 8:00 horas, cuando empieza el informativo. Creo que ahí sí podré dar una idea aproximada.

No obstante... esta medianoche lo vamos a hacer como sea (quizá Crimson siga sonando en los próximos Antojos a propósito de lo que fuera). Los que lo probaron lo saben. A los que no, les digo: escuchándolos de nuevo para elegir los temas volví a extraviarme por esos paisajes sonoros inauditos, como si fuera la primera vez, chocando abruptamente contra esas contracturas esquizoides que son parte del costumbrismo de nuestro nuevo siglo, flotando por esos campos abiertos amenazados de pronto por una nube negra que todos los millones dólares de James Cameron jamás podrían hacerme vislumbrar, viajando a través de la noche amenazante que viene a desembocar en arrollos cantarinos... y tantas otras cosas para las que no encuentro palabras.

Así que esta noche es King Crimson. Es eso, o si no también está Sergio Lapegüe.

www.fmlatribu.com // FM La Tribu // 88.7 // Antojo // Medianoche




Cat's foot iron claw
Neuro-surgeons scream for more
At paranoia's poison door.
Twenty first century schizoid man.

Blood rack barbed wire
Polititians' funeral pyre
Innocents raped with napalm fire
Twenty first century schizoid man.

Death seed blind man's greed
Poets' starving children bleed
Nothing he's got he really needs
Twenty first century schizoid man.

domingo, 24 de enero de 2010

La política entre nosotros

Hoy sí: Néstor, 6,7,8, los oficialistas, los autocríticos, la oposición, los golpistas, Lucas Carrasco, la política entre nosotros y las canciones de rabia en www.fmlatribu.com a la medianoche.



I took my loved one out to dinner
So we could get a bite to eat
And though we both had been much thinner
She looked so beautiful I could eat her
Well, well, well, oh well
Well, well, well, oh well

I took my loved one to a big field
So we could watch the English sky
We both were nervous feeling guilty
And neither one of us knew just why
Well, well, well, oh well
Well, well, well, oh well
(repeat several times)

We sat and talked of revolution
Just like two liberals in the sun
We talked of women's liberation
And how the hell we could get things done
Well, well, well, oh well
Well, well, well, oh well

I took my loved one to a big field
So we could catch the English sky
We both were nervous feeling guilty
And neither one of us knew just why
Well, well, well, oh well
Well, well, well, oh well

sábado, 23 de enero de 2010

Incorregible


por oac

¿Por qué están tan crispados los cretinos que vienen a hostigar a un blog insignificante, que se laceran leyendo una escritura que los saca de quicio? ¿Por qué los saca de quicio una escritura insignificante y se disfrazan de cínicos y vienen a hacer muecas de desprecio? ¿Por qué se desprecian a sí mismos al punto de entrar a un blog insignificante a volverse muecas de algo que no los necesita? Un post dedicado a los soretes lacerados que entran a este blog insignificante los vuelve más soretes, los hace adoptar los estados más malolientes de su insignificancia.

Un blog insignificante como este es sólo una ventana y por ella entra el mal olor. El mal olor está en el aire porque lo podrido siempre vuelve y si el blog no existiera los soretes estarían exhalando su pudrición de todos modos: el mal olor que despiden es sólo el síntoma de algo. El desprecio es una forma de decirlo, es la permanencia de una historia que los cretinos quieren dejar atrás pero que se niega a abandonarlos y entonces salen de quicio, vienen y leen, vuelven y leen una escritura que no soportan, un día y al día siguiente, como una militancia del desprecio, una militancia del cinismo, su propia nada convertida en comentadores de una escritura que los saca de quicio, una fascinación de ser soretes y de no querer dejar de serlo.

La etapa kirchnerista vino a repolitizar el desprecio que ya se había resignado a ser nomás desprecio en el aire, sólo mal olor. El kirchnerismo lo hizo a sabiendas o contra su voluntad, por sus virtudes o por sus defectos, pero es obvio que el kirchnerismo no inventó la vuelta de la política ni esto se va a terminar cuando la etapa kirchnerista termine, ahora, más adelante o mucho más adelante. Los que ya estaban resignados al mero desprecio flotando en el aire en posición de consumidores, de autores de tesinas o bebedores de té o consumidores de pastillas o veedores de tevé ahora sienten unas ganas irrefrenables de soretear y se hacen la ilusión de que esto se termine pronto, se hacen la ilusión de que es sólo un mal momento que ya va a pasar, pero se ponen tan desesperados porque saben que no va a pasar, no se les va a pasar, los Kirchner van a pasar pero ellos no y eso los enoja, los hacer ser más lo que ya no van a dejar de ser.

La posición neoliberal de la que ellos son sólo un aroma no es viable y ellos son sólo el aroma. Y vienen a un blog insignificante a leer una escritura, vienen con sólo convocarlos a mostrarse soretes sólo porque están fascinados con su propia pudrición.

viernes, 22 de enero de 2010

Herzog: a partir de hoy

Skys, volcanes, soldaditos, liristas, ciegos y subastadores



por Pablo Taskar

En su costado más pueril la cinefilia consiste en completar álbumes de figuritas, lo cual implica estar buscando permanentemente aquellas “difíciles" que sólo circulan muy de vez en cuando.

Fetichismo apenas encubierto bajo la coartada de poder hablar con propiedad, por ejemplo, de las constantes estilísticas y argumentales de un director -siempre que lo consideremos auteur - o, más patético, para gritar a otros cinéfilos "¡yo la vi y vos no!".

Pensaba en esta dirección hace algunos meses a propósito del chiche que me había prestado un amigo: una elegante pieza de 3 dvds de edición española denominada Pack Werner Herzog, Documentales y cortometrajes.

Y como en el ciclo programado por el TGSM se presenta la posibilidad de ver algunas de las películas incluídas en esta Cajita Feliz de 9 obras realizadas entre 1962 y 1984, quería compartir con La otra lo que me suscitaron escribir.

Una manera de combatir ese absurdo autismo cinéfilo mencionado en el primer párrafo (que a veces también me ataca). O un bonus track al artículo de Caldini, acaso leído en formato papel allá lejos y hace tiempo.


El gran éxtasis del escultor de madera Steiner - 1973

Cada vez más alto, sin subestimar su propio miedo y sin el fin utilitario de convertirse en campeón, el escultor Steiner salta con su sky, vive suspendido en el aire segundos encantados y es registrado en ralenti. Un cuerpo en soledad tan separado del mundo como Aguirre, pero menos dañino y a la conquista de algo inmaterial que sólo le compete a él.


La Soufriere – 1977

¿Alguien recuerda cuando Wim Wenders (en Tokio Ga, de 1985) mostraba a Werner Herzog en el alto mirador de una gigantesca torre tokyota explicando su presencia allí para intentar captar alguna imagen del mundo que aún no hubiera sido filmada? Esa motivación, toda una vertiente del cine de Werner, es susceptible de ser inferida a partir del mediometraje La Soufriere. Veamos: se espera en forma inminente la erupción de un volcán ubicado en una isla habitada de las Antillas francesas. La catástrofe sería de tal grado que imperiosamente se evacúa la villa a sus pies, quedando abandonada e intacta. Un pueblo fantasma habitado por animales y basura.
El suceso fascina a Herzog que, en la piel del realizador intrépido y buscador de lo inexplorado –papel que iría perfeccionando a lo largo de los años (ver The white diamond, de 2004, o Encounters at the end of the world, de 2008)-, se dirige allí, arriesgándose él y su equipo. En el lugar, además de toparse con ciertos marginales que pese al peligro rehusan marcharse –típicos excéntricos non fiction de su cine-, registra imágenes al borde de la abstracción, tan extraterrestres como las que la NASA le facilitaría luego para The wild blue yonder, del 2005. Las nubes de gas bordeando los alrededores del volcán, borrando progresivamente los contornos geográficos de referencia: inolvidables. El asunto es que los indicios del desastre comienzan a disminuir y la gente regresa a sus hogares para retomar su vida, situación que Herzog vive como fracaso personal; él había ido a filmar el Apocalipsis desde la primera fila: “El giro de esta película nos resultó penoso y así acabó todo, en la absoluta nadería y el absoluto ridículo. Ahora se convierte en un reportaje sobre una catástrofe inevitable que nunca tuvo lugar.” Su ambición devenida en esfuerzo inútil lo convierte también a él en una de sus invenciones, en un Aguirre, un Cobra Verde, un Fitzcarraldo más.


La balada del pequeño soldado – 1984

Un humanismo nada subrayado, porque los hechos hablan y la filmación de niños usados como carne de cañón no incurre en zooms abyectos. En un pueblo indígena cuyo territorio es la selva nicaragüense, los miskitos, organizados por siglos en la práctica de un socialismo primitivo, pelean aliados del sandinismo ante la invasión de su hábitat por parte de Somoza. Sin embargo, cuando éste cae, los sandinistas en el poder los reprimen violentamente, tanto a ellos como a sus peticiones. Entonces, la división de niños-soldados de esta etnia comienzan a ser entrenados y pertrechados ahora por los contras, siendo adoctrinados contra “el comunismo”: concepto vacío que les fuerzan a identificar con la matanza de seres queridos. Un colonialismo territorial, sí, pero también del lenguaje. Estos chicos morirán, qué duda cabe, todos los bandos los utilizan sucesivamente porque –parafraseando a John Ford– they are expendable.

Muy lejos del estereotipo con el que muchos rotulan al director, aquí no hay foco en protagonistas megalómanos capaces de aplastar a quienes se interpongan en sus proyectos delirantes, sino una luz tenue, un grito ahogado a favor de los más débiles. Y dos de las imágenes más tristes de toda su filmografía: el plano secuencia con niños sometidos a la práctica del disparo con mortero, y la visión del lánguido soldadito cantando su balada.


Heracles - 1962

Acá si que cuesta encontrar los rastros de lo que vendría después. Montaje paralelo entre imágenes de fisiculturistas y desastres automovilísticos, bombardeos en ciudades e ítems similares puntuados por música a lo Coltrane y frases sobreimpresas de ironía canchera muy de esa época. Ejemplo: un forzudo ejercitando sus músculos y la pregunta en pantalla: "¿podrá vencer a las Amazonas?"; corte e inmediatamente se nos muestran mujeres soldado marchando. Y así todo en éste, su primer corto. También los gigantes comenzaron pequeños.

Últimas palabras - 1968

Incomprensible este viejo que toca la lira pero no habla, casi un Kaspar Hauser que, en lugar de una vida encerrado en un sótano, porta una existencia anterior recluído en una isla por voluntad propia. "Lo sacamos de allí, lo salvamos" manifiestan a dúo dos policías, sobreactuando orgullosamente ante cámara. Un testigo narra que cuando lo tomaron por la fuerza para subirlo a un barco dijo: "no podéis hacerme daño, estoy al mando de toda una flota", mientras el encuadre muestra que esa flota, sus barcos, no son más que un dibujo tallado en la roca. El personaje quedará para nosotros inmediatamente adscripto al linaje de los excéntricos románticos que Herzog siempre supo encontrar -o inventar...




País del silencio y la oscuridad - 1971

Cuesta asimilar que esta señora alemana tan segura de sí y pragmática sea sordo-ciega. Transformando su vida en un apostolado, Fini Straubinger parece indoblegable en su decisión de ayudar a los que padecen en mayor o menor grado su misma problemática. Organiza encuentros, pasea con acompañantes en aeroplano y discute con políticos, pero el núcleo de su tarea consiste en ayudar a quienes, como ella, sólo pueden comunicarse bajo otro sistema de códigos. Este lenguaje táctil que, simplificando, podríamos definir como un alfabeto en la palma de la mano, ya estaría justificando este documental en primera persona. Hay mucho más, sin embargo. Porque el retrato de su protagonista sugiere un boceto del personaje que Herzog plasmaría, anclado en la ficción, tres años después en El Enigma de Kaspar Hauser (1974): ambos, al fin y al cabo, pasan gran parte de su existencia encerrados en sí, y luego irrumpen en el mundo para modificarlo a partir de su singularidad. Con origen en un golpe en la cabeza cuando niña, Straubinger va perdiendo gradualmente oído y vista, hasta que a los 15 comienza del todo su soledad silenciosa y oscura. A los 45 años, luego de 30 de prisión interior, comienza su intervención militante y solidaria.

Una mujer hecha de la misma madera que otros héroes imparables del cineasta alemán. Hacia afuera: un roble en pos de su objetivo. Hacia adentro: sturm und drang (tempestad e ímpetu), pero también oscuridades y angustias muy propias de los románticos alemanes en su identificación de paisajes naturales con sentimientos internos.

Si fuera pintora representaría nuestra afección así: la ceguera como un río negro que fluye lentamente como una melodía hacia unas imponentes cataratas; en su orilla árboles, flores y pájaros cantando dulcemente.

El otro río, que viene del otro lado, es tan transparente como el más puro de los cristales, también fluye lentamente pero sin sonido.

Al fondo hay un lago muy oscuro y profundo donde se encuentran ambos ríos. Donde se unen hay unas rocas que chocan contra las aguas formando espuma, para después dejarlas fluir silenciosa y lentamente.

Hay un sombrío embalse que se extiende en la más absoluta quietud, tan sólo perturbada por alguna onda esporádica que representa la lucha de los sordo-ciegos.
No sé si lo han entendido. Las rocas que rompen las aguas simbolizan la depresión que sienten los sordos y ciegos cuando se quedan sordos y ciegos. Es así como lo siento.



Cuánta madera roería una marmota - 1976

Un juego: traten de decir rápido varias veces "How Much Wood Would a Woodchuck Chuck", a ver...

¿No es más fácil subir un barco a una montaña, como en Fitzcarraldo?

Esa frase es el título original de un documental donde Herzog, coherentemente, sigue presentando tribus desconocidas. Pero en esta oportunidad no circulan en taparrabos por selvas o montañas de América del Sur, sino que están en el corazón de EEUU, en Pensilvania, tan extraterrestres como el originario de Andrómeda que personifica Brad Dourif en The Wild Blue Yonder. Son... ¡los subastadores que hablan muy rápido!

Los vemos en acción en un evento anual llamado World Championship of Livestock Auctioners (Campeonato Mundial de Subastadores de Ganado), que existe de verdad, juro que no bebí. Orgullosos de su habilidad, comentan haber aprendido a decir con ritmo y velocidad asistiendo a muchas subastas, y aconsejan: "tenés que amar hablar".

Ciertamente, mientras se suceden unos a otros en la competencia, el efecto de su catarata discursiva asemeja un mantra que nos va adormilando en forma no muy diferente a la música trance o chillout; sin embargo, algo chirria en la deformidad de esa lengua que no parece servir para comunicarse sino más bien como código comercial unidimensional. Y habrá un campeón, igual que en la gran The King of Kong (Seth Gordon, USA, 2007) , en la que el desocupado practica día y noche para obtener el récord mundial del jueguito arcade Donkey Kong, feliz de justificar su vida ante sí y enorgullecer a su familia.




Final: abrupto flashforward al 2010

Bad Lieutenant: Port of Call New Orleáns – 2009. (No incluída en el ciclo, pero de muy próximo estreno)

Imaginar a priori que iba a ser un engendro por encargo terminó potenciando la sorpresa cuando finalmente la vi. ¿Una remake de la ya suficientemente buena Bad Lieutenant de Ferrara ¿encima starring el enervante Nicholas Cage? Pues no: un film despojado de culpas católicas con protagonista megalómano, paisaje desolador - l Nueva Orleans post-Katrina- y atmósfera docu-fantástica, 100 % Herzog.

Una apropiación con todas las de la ley.